jueves, 14 de agosto de 2008



De las tres transformaciones

Friedrich Nietzsche


Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado? así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien.
¿Qué es lo más pesado héroes? así pregunta el espíritu paciente, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije.
¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?
¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador ?
¿O acaso es: alimentares de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?
¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de si las frías ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?
Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? Tú debes se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice yo quiero.
Tú debes le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente el ¡Tú debes!.
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: todos los valores de las cosas -brillan en mí.
Todos los valores han sido ya creados, y yo soy -todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún 'Yo quiero!'. Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear- eso si es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores -ése es el tomar más horrible para un espíritu paciente y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el tú debes como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir si: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño. --

Así habló Zaratustra. Y entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor. Friedrich NietzscheTrad. A. Sanchez Pascual, Alianza Editorial

miércoles, 13 de agosto de 2008

lunes, 11 de agosto de 2008

Atahualpa Yupanqui


Mercedes Sosa







Luego de un ensayo la Negra y Milton y algunos músicos y quien esto escribe cenamos en un restaurante de la Costanera. En dos oportunidades Milton le pregunta a Mercedes por una grabación que ella hizo no hace mucho de un tema suyo. Está ansioso y no lo disimula. Ella le dice: Tengo un casete, después lo escuchás en mi auto.


Al auto de Mercedes subimos seis. Voy adelante, entre ella y Milton. Apenas sube Milton reclama el casete .Mercedes le dice : No te apurés Milton...¿y si no te gusta? Pero él insiste: yo quiero escuchar, yo quiero escuchar...




El casete empieza a deslizar " María, María", en la voz de la Negra. Milton se inclina para estar más cerca del sonido.
Nuestro auto deja la zona del aeroparque, gira hacia los bosques de Palermo. Al llegar a un cruce ferroviario muy poceado Mercedes frena, pero el caso es que el auto se para, y el motor se apaga en un gran bache. Quedamos justo en medio de las vías.


No sabemos qué ha pasado. Miramos a derecha e izquierda. y por la derecha, allá lejos, asoma la luz de un tren.
Mercedes, increíblemente, larga una carcajada. Dos de los que viajan atrás se asustan.¡Allá viene el tren! Mercedes acciona el contacto.¡Allá viene el tren!. Milton sube la música casi al maximo.¡Allá viene el tren! El motor suena de nuevo, primera y salimos con esfuerzo del terrible bache. Mercedes dice la puta que los parió, lindo lugar para quedarnos, y reanuda su carcajada.



Milton sigue ahí, escuchando su tema enarbolado por la voz de Mercedes.



Lo escucha una vez. Y lo pone dos veces más. Siempre en silencio, sin hacer el menor comentario.Hasta que apartándome se zambulle sobre Mercedes y la besa entusiasmado...¡Celestial! ¡celestial! ¡celestial! repite hasta que llegamos al hotel donde se hospedan los brasileños.


Cuando bajamos pregunto:



-Milton,¿te diste cuenta de lo que nos pasó con el auto?



-Quedamos en un pozo.



-¿Viste que el tren venía a lo lejos?




-Vi el foco del tren viniendo.



-Si no salíamos enseguida, moríamos todos, Milton.
-Todos moríamos, sí.


-¿Y por qué pusiste la música más fuerte en tan feo momento?



-Porque si la muerte nos alzaba, a mí me iba a encontrar siendo el hombre más feliz de la tierra...Muerte perfecta: estaba escuchando a Mercedes cantando mi canción








Fragmento del libro de Rodolfo Braceli Mercedes Sosa La negra Editorial Sudamericana 2003






Palabras para Julia


( Paco Ibañez)


subido a Youtube por el usuario papilincito





Vuelvo al Sur,

como se vuelve siempre al amor,

vuelvo a vos,con mi deseo,

con mi temor.

Llevo el Sur,

como un destino del corazón,

soy del Sur,

como los aires del bandoneón.

Sueño el Sur,

inmensa luna, cielo al reves,

busco el Sur,

el tiempo abierto, y su después.

Quiero al Sur,su buena gente, su dignidad,

siento el Sur,

como tu cuerpo en la intimidad.

Te quiero Sur,

Sur, te quiero.

Vuelvo al Sur,

como se vuelve siempre al amor,

vuelvo a vos,con mi deseo, con mi temor.

Quiero al Sur,

su buena gente, su dignidad,

siento el Sur,

como tu cuerpo en la intimidad.

Vuelvo al Sur,

llevo el Sur,

te quiero Sur,te quiero Sur...




Letra: Fernando "Pino" Solanas

Música: Astor Piazzolla




































viernes, 8 de agosto de 2008

Como los bueyes Almafuerte

Oswaldo Guayasamin
pintor ecuatoriano






Como los Bueyes




Ser bueno, en mi sentir, es lo más llano


y concilia deber, altruismo y gusto:


con el que pasa lejos, casi adusto,


con el que viene a mi, tierno y humano.






Hallo razón al triste y al insano,


mal que reviente mi pensar robusto;


y en vez de andar buscando lo más justo


hago yunta con otro y soy su hermano.




Sin meterme a Moisés de nuevas leyes,


doy al que pide pan, pan y puchero;


y el honor de salvar al mundo entero


se lo dejo a los genios y a los reyes:


Hago, vuelvo a decir, como los bueyes,


mutualidad de yunta y compañero.










ALMAFUERTE


Pedro Bonifacio Palacios


Poeta Argentino


Educador Autodidacta


(1854-1917)

jueves, 7 de agosto de 2008

lunes, 4 de agosto de 2008